Pacto Inclusión

Entrevista Pacto Inclusión Nicolás Valdivieso:
"El gran desafío de la inclusión es conectar la formación con el empleo"

INACAP es la única institución de educación superior con presencia física en todas las regiones de Chile. Y esa diversidad —territorial, cultural y humana— no solo marca su identidad: también exige una gestión inclusiva real, sostenida y con recursos. Conversamos con Nicolás Valdivieso, Vicerrector de la Sede INACAP Apoquindo (y ex Vicerrector Nacional de Estudiantes), sobre inclusión en educación superior, ajustes razonables, cultura institucional y el gran desafío que persiste: tender puentes efectivos hacia la empleabilidad para estudiantes con discapacidad.

Desde tu experiencia como vicerrector, ¿cómo entiendes hoy la inclusión en una institución como INACAP?

INACAP es la única institución de educación superior que está presencialmente en todo Chile: al menos una sede en cada región. Y eso hace que la diversidad de nuestro país se refleje directamente en la institución: estudiantes, docentes y equipos administrativos muy distintos, con realidades culturales y territoriales diversas.

Esa diversidad es una riqueza y también una virtud. Nos gusta decirlo porque nos diferencia: permite construir una institución que, precisamente por su composición, está llamada a apostar cada día a ser más inclusiva.

Además, desde el rol de empleador, hemos cumplido la Ley de Inclusión Laboral hace mucho tiempo y estamos sobre el 1%. Incluso, nuestra meta es llegar al 2% al 2026. No es algo “loco” planteárselo en una institución de estas características, especialmente cuando existe una cultura que valora la diversidad y también un empuje normativo que acelera procesos.

En el ámbito educativo, ¿qué rol cumple el mundo técnico-profesional en materia de inclusión?

El mundo técnico profesional tiene una virtud enorme: bajas barreras de entrada. A diferencia de las universidades, en el sistema TP no exigimos la PAES para acceder. Basta con tener cuarto medio y ganas de estudiar.

Eso abre oportunidades para personas que, por distintas razones —discapacidad cognitiva, edad u otras trayectorias educativas—, pueden quedar fuera del mundo universitario. Es una puerta relevante para la inclusión educativa.

¿Qué acciones concretas han impulsado para avanzar en inclusión con estudiantes con discapacidad?

Lo primero fue entender algo clave: ser diverso no es lo mismo que ser inclusivo. La inclusión es un camino que no termina; abres una puerta y aparecen otras, y así se va complejizando.

En ese proceso, un primer paso importante fue construir una Política de Inclusión. La hicimos en su momento con el apoyo de Fundación Descúbreme y con un levantamiento grande en todo Chile. No podía ser una política “copiada”: tenía que ser construida con nuestro sello, con participación de colaboradores, docentes y estudiantes.

También nos hemos sumado a espacios y redes que aportan miradas y aprendizaje, como la Red de Educación Superior Inclusiva (RESI), con participación regional y nacional, y la Red de Empresas Inclusivas (REIN). Y, en lo operativo, hemos avanzado en la aplicación de ajustes razonables para estudiantes que lo requieren, lo que implica procesos de evaluación y acompañamiento caso a caso.

¿Cómo identifican y acompañan a estudiantes con discapacidad dentro de INACAP?

Primero, había que levantar cuántos estudiantes teníamos. Hoy, hace ya varios años, más del 2% de nuestros estudiantes declara algún tipo de discapacidad (cerca de 2 mil estudiantes). Hay un grupo que cuenta con credencial del registro y otro que no, pero con o sin credencial, tenemos que hacernos cargo igual.

En paralelo, apoyamos a quienes quieran obtener su credencial y a quienes la tienen, les ayudamos a postular a fondos de apoyo que entrega SENADIS para educación superior. El punto es que estas postulaciones suelen ser engorrosas, con plazos y requisitos, por lo que las instituciones tenemos que estar muy atentas para que los estudiantes accedan.

En cada sede de INACAP contamos con un equipo de becas y beneficios con foco específico en inclusión para este subgrupo de estudiantes. Además, todos los estudiantes nuevos tienen asignado un tutor académico, y para las personas con discapacidad ese acompañamiento es especialmente significativo.

¿Por qué los ajustes razonables requieren una mirada «uno a uno»?

Porque aunque dos estudiantes tengan la misma discapacidad en el papel, pueden necesitar apoyos totalmente distintos. Puedes tener dos estudiantes con sordera en la misma sala: uno requiere lengua de señas, otro puede necesitar audífonos y un software en el computador.

Lo que exige la ley es garantizar que todas las personas tengan la oportunidad de cursar su carrera. No se puede cerrar la puerta. Eso trae complejidades reales, y ahí la institución tiene que responder con evaluación individual y acompañamiento.

Además, esto no se trata solo del estudiante: también implica un trabajo fuerte con docentes, especialmente en el mundo técnico profesional, donde muchos profesores provienen de la industria y no necesariamente tienen formación pedagógica formal. Entonces, hay que preparar al equipo docente para que la experiencia sea inclusiva en serio.

¿Se complejiza la inclusión en regiones y territorios más rurales?

Sí, mucho. En regiones, fuera de las grandes ciudades hay barreras de conectividad y traslado. En lugares más rurales, la oferta de educación superior suele concentrarse en una ciudad, lo que hace que el desplazamiento sea una dificultad grande para muchos estudiantes, y más aún para estudiantes con discapacidad.

A esto se suma el perfil socioeconómico: en INACAP tenemos una alta proporción de estudiantes con gratuidad, muchos trabajan y estudian, y vienen con brechas educativas previas. El primer año muchas veces se enfoca en nivelación y en sostener trayectorias. En ese contexto, el acompañamiento se vuelve aún más clave.

¿Cómo miden la inclusión y qué resultados han observado?

INACAP aplica una encuesta de satisfacción estudiantil a nivel nacional y una de las dimensiones pregunta por la percepción de inclusión. Los resultados muestran que más del 80% de los estudiantes considera que INACAP es una institución inclusiva.

También se destaca el sistema de tutorías como uno de los servicios mejor evaluados, lo que refuerza la idea de que el acompañamiento es clave para sostener el proceso formativo, especialmente en estudiantes con mayores brechas o menos redes de apoyo.

Y como empleador, también tenemos colaboradores con discapacidad en roles docentes y administrativos. Además, cada sede tiene su medición y metas, que se suman al resultado institucional.

En materia de inclusión, ¿cuál es el principal desafío que observas hacia adelante?

El desafío más grande es la transición al mundo laboral. Para estudiantes con discapacidad, encontrar empleo cuesta el doble. Aunque existan incentivos por ley, todavía hay empresas que contratan, pero no necesariamente ubican a la persona en un puesto acorde a lo que estudió.

Ahí hay una brecha que duele, y que como institución tratamos de anticipar relacionándonos tempranamente con empresas. Pero también depende de la preparación del empleador: diseñar puestos, ajustar procesos, y asumir la inclusión como parte de la cultura, no como un trámite.

¿Qué rol cumple INACAP en empleabilidad y cómo acompaña esa transición?

Tenemos un enfoque fuerte en empleabilidad. Uno de nuestros indicadores más “ácidos” es si el titulado está trabajando y si lo hace en lo que estudió. En términos generales, nuestra empleabilidad es cercana al 90%, con una pertinencia laboral sobre el 85%.

Cada sede cuenta con una oficina llamada Emplea Chile INACAP, que conecta ofertas laborales con los estudiantes, partiendo desde la práctica. La práctica es una puerta de entrada potente: Cerca del 40% de los estudiantes se queda trabajando donde realizó su práctica.

Para estudiantes con discapacidad, hay un foco especial en la etapa final: equipos de empleabilidad, tutores y apoyo académico se coordinan para asegurar oportunidades de práctica y facilitar la transición.

¿Qué consejo le darías a instituciones que quieren avanzar en inclusión, pero no saben por dónde empezar?

Primero: medir. Diagnosticar cuántos estudiantes con discapacidad hay y qué necesidades concretas tienen. Nosotros fuimos avanzando año a año afinando esa identificación, desde una pregunta general hasta un levantamiento mucho más específico (tipo de discapacidad, apoyos requeridos, necesidad de ajustes razonables, etc.).

Segundo: construir una política de inclusión con ayuda de expertos y sumarla a la cultura organizacional. Esto no puede quedar en un papel, sino que el desafío es hacerla viva.

Y tercero: la inclusión no puede vivir solo en un departamento o área. Tiene que permear toda la organización, desde la rectoría hasta el equipo de apoyo. En ese sentido, es fundamental crear un Comité de Inclusión transversal, con áreas estratégicas involucradas. Si el corazón del negocio no está en la mesa, esto no avanza.

Accesibilidad
Accesibilidad